Pelar puede ser bueno (e incluso necesario)
Sin pelambre no hay desarrollo (y lo hacemos desde hace 70.000 años)
El pelambre – definido como el intercambio de información con contenido evaluativo sobre una tercera parte ausente (Foster, 2004)- ha existido en todas las culturas de la historia de la humanidad como una forma de comunicación y entretención, permitiendo la creación de comunidades más grandes entre los Homosapien: al pelar tu sabías en quien podías confiar. (Harari, 2014).
“No basta con que algunos hombres y mujeres sepan el paradero de los leones y los bisontes. Para ellos es más importante saber quién de su tropilla odia a quién, quién duerme con quién, quién es honesto y quién es un tramposo”. (Harari, 2014. Pg 99)
Los Neandertales solo hablaban en relación a dónde cazar, qué comer y quiénes eran parte del grupo (Harari, 2014), Y SE QUEDARON ATRÁS, en cambio los Homosapiens -hace 70.000 – lograron el desarrollo de una herramienta lingüística nueva: el cahuineo. (Harari, 2014).
Pelar es lo que más hacemos
Según un estudio de Goldsmith y Baxter, el pelambre es la figura discursiva más utilizada por las personas en su día a día:el cahuín es parte esencial de nuestras vidas.
Pelar es civilizatorio
¿Qué nos hace pelar? Según Iván Cliff, los motivos son: 1- informar, 2- mantener normas grupales, 3- disfrutar y 4- generar un impacto negativo.
Gluckman (1963) dice que el miedo a ser pelados, nos hace comportarnos de acuerdo a las normas establecidas en la sociedad. Sin pelambre hay barbarie.
Pelar no da una idea de nuestro rol en la comunidad
A través del pelambre sabemos si el resto piensa o no como uno y además, pelar nos da la sensación de hacer una diferencia en ell grupo, influyendo en la opinión de los demás. A través del pelambre entendemos que se comparten ciertos valores en donde lo que yo espero del resto debe ser cumplido.
Pelar nos hace ( a veces) empáticos
El pelambre es compartir información personal sobre otros: podemos identificarnos con las experiencias, emociones o situaciones de los demás. Esto puede generar empatía y solidaridad tanto con quien pela, como con quien está siendo pelado, jiji.
Pelar nos hace sentir especiales
Pelar implica confiar información personal o privilegiada a otras personas: cuando alguien pela, está creando un vínculo de confianza y creando una sensación de intimidad. El receptor se siente especial y valorado al ser parte del “secreto”.
¿Y lo malo del pelambre?
El pelambre puede tener consecuencias negativas tanto para quienes lo difunden como para las personas afectadas. Específicamente en cuanto a daño emocional, destrucción de reputación, conflictos y divisiones y pérdida de privacidad. Usualmente los cahuines se basan en información no verificada o rumores, lo que puede llevar a la difusión de información falsa o distorsionada (Grosser et al, 2010). Los pelambres pueden perjudicar la autoestima, generar ansiedad y afectar negativamente las relaciones interpersonales..
En definitiva: pelemos sin maldad, sin provocar daños reales a los demás y en base a información que sepamos – a ciencia cierta- es verdadera.
