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NICO FERNANDEZ

NICO.F@lalata.cl

A los 14 años organizó la primera marcha LGBTIQ+ de Chile. A los 71, el mundo por fin se lo reconoce

Marcela Di Monty ganó el premio «Una vida dedicada a la igualdad» en los Premios Internacionales del Orgullo. Su historia empieza en 1973, con una protesta en la Plaza de Armas, y sigue por un camino que incluye el Estadio Nacional.

Hay historias que empiezan mucho antes de que alguien decida contarlas. La de Marcela Di Monty empieza en 1973, en la Plaza de Armas de Santiago, cuando tenía 14 años y ayudó a organizar la primera manifestación LGBTIQ+ documentada en Chile y en toda América Latina. El objetivo: exigir el fin de la violencia y el hostigamiento policial contra las disidencias sexuales.

Más de cinco décadas después, esa historia acaba de recibir un reconocimiento internacional. Di Monty fue distinguida con el premio «Una vida dedicada a la igualdad», en la segunda edición de los Premios Internacionales del Orgullo, una iniciativa del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y de ILGA World (la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex). La entrega fue el 5 de agosto, durante la Conferencia Mundial de Derechos Humanos del WorldPride de Ámsterdam, uno de los encuentros más importantes del año para la comunidad LGBTIQ+ a nivel global.

¿Por qué importa este premio, más allá del titular? Porque no reconoce un momento puntual, sino una trayectoria completa: la de una sobreviviente de la persecución contra las personas trans en Chile, y una de las primeras voces que se atrevió a decir, en plena dictadura, que esa violencia tenía que parar.

Y ahí está el otro lado de esta historia, el que no se puede separar del primero. Meses después de esa manifestación, el 11 de septiembre de 1973, Marcela fue detenida por militares apenas horas después del golpe de Estado. La trasladaron primero al Regimiento Tacna y después al Estadio Nacional, donde estuvo recluida. Pero como no tenía documentos de identidad que acreditaran quién era, el Estado nunca la reconoció oficialmente como víctima de prisión política y tortura.

Es un detalle que dice mucho: incluso en los registros del horror, hubo personas a las que ni siquiera se les permitió existir del todo.

Para ILGA Latinoamérica, este reconocimiento va más allá de la biografía de Marcela. Es un homenaje a quienes abrieron camino para el movimiento trans y LGBTIQ+ en toda la región. Ella, hoy con 71 años, lo resumió así: es el reconocimiento más importante que ha recibido en su vida.

Cincuenta y dos años después de esa plaza, el mundo finalmente puso su nombre donde siempre debió estar.